Coaching espiritual

El coaching es un método de acompañamiento que busca ayudar a una persona a definir metas, identificar obstáculos y salir adelante. Se basa en el diálogo y en hacer preguntas para que cada uno reflexione sobre sus pensamientos y decisiones. No es terapia ni tampoco es consejería pastoral, aunque a veces se confunden.

Entre sus aspectos positivos, el coaching ayuda a ordenar las ideas, tomar mejores decisiones y promover hábitos sanos. Puede servir para liberar a alguien que se siente estancado, pero también tiene límites claros.

Su mayor debilidad es que depende mucho de las ideas personales del coach, dado que éste, puede orientarse hacia un enfoque puramente personal, psicológico o incluso espiritual sin una base bíblica firme.

En el caso particular de los templos cristianos, el problema surge, cuando este modelo lo vemos expuesto, en el tono de las predicaciones. Hoy es común escuchar mensajes donde el pastor actúa más como un motivador o terapeuta, que como un predicador de La Biblia.

Se enfatiza el bienestar emocional, la actitud positiva y el superar creencias que nos frenan, usando un lenguaje que suena cristiano pero que se apoya más en técnicas humanas que en las Escrituras.

Esto no significa que las emociones o la mente no importen. La Biblia misma habla de renovar nuestra mente.

“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta” Romanos 12:2

“Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas” 2 Corintios 10:4

El problema es entonces, cambiar el poder de la Palabra de Dios por dinámicas de autoanálisis personal que nada tienen que ver con La Biblia.

Cuando el púlpito se enfoca principalmente en la gestión emocional, el mensaje pierde su propósito central. El predicador deja de enseñar la verdad divina para convertirse en un facilitador de procesos personales, lo que abre la puerta a una sutil manipulación.

Llevar a la gente de forma constante a buscar qué hay dentro tuyo o enfocar todo en cambiar la mentalidad, puede generar dependencia del estado emocional más que de la Biblia. Así, la experiencia personal termina siendo la máxima autoridad.

La Biblia nos muestra otro camino. La verdadera transformación no nace de buscar dentro de uno mismo, sino de escuchar a Dios:

"La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" Romanos 10:17

Es su Palabra, la de Dios, la que nos guía y renueva, no otra cosa.

Cuando Jesús hacía preguntas, no lo hacía como una técnica para que las personas se encontraran a sí mismo, sino para confrontar su fe.

Al preguntar: "¿Quién dicen que soy yo?" como leemos en Mateo 16:15, Jesús buscaba una confesión de fe, no un ejercicio de superación personal.

Otro peligro es diluir la realidad del pecado. El coaching suele ver las faltas como "bloqueos mentales", pero La Biblia las define como una condición espiritual (pecado) que exige arrepentimiento y gracia. Por eso Pablo nos advierte:

“Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía de tradiciones humanas, la que está de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo, no nos dejemos engañar por filosofías ni ideas huecas” Colosenses 2:8

En conclusión, usar herramientas de comunicación no es malo en sí mismo, pero requiere mucho cuidado en la enseñanza de las Escrituras en la iglesia. El riesgo no está en ayudar a la gente a reflexionar, sino en cambiar la verdad bíblica por métodos de superación personal.

Acompañar no es manipular, y la iglesia debe recordar que el centro de la fe siempre debe ser Cristo, la necesidad de arrepentimiento y la transformación, que solo puede ser obra del Espíritu Santo.

“El que tiene oídos para oír…que oiga”

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón