El Feminismo y La Biblia

Si entendemos al feminismo, como un movimiento social que reclama para la mujer los mismos derechos que para el hombre en todos los ámbitos, debemos admitir que La Biblia no plantea dicha disyuntiva, sino que, por el contrario, la da por sentada.

Para el Dios de La Biblia, las únicas diferencias que existen entre el hombre y la mujer, son las que él mismo les asignó, me refiero al “dimorfismo sexual”, manifestado a través de las diferencias anatómicas entre ambos, el cual está determinado por la genética, las hormonas. A lo que debemos sumar la evolución, y los roles que desempeñan cada uno de ellos frente al contexto natural.

Cristianos y no cristianos, a la hora de considerar estos temas a la luz de las escrituras bíblicas, debemos tener muy en claro tres cuestiones:

1-La Biblia no es un libro de historia, ni de geografía ni de cultura general. Es un libro religioso que narra la historia de amor entre un pueblo y su Dios. Fue escrito a lo largo de miles de años por más de 40 autores, inspirados por el mismo Dios, cada uno desde su particular perspectiva cultural.

2-No debemos confundir los principios bíblicos—que, como tales, son inmutables— con las eventuales reglamentaciones culturales de las diferentes estructuras sociales, las cuales mutan y aún hoy siguen mutando. Utilizar el pelo corto, o la pollera larga, nada tiene que ver con la vida espiritual de las personas.

3-El concepto “diferencia de género”, en ningún momento fue considerado por el Dios de La Biblia. El sexo es una característica biológica determinada por la naturaleza, mientras que el género es una construcción social y cultural que puede ser aprendido, enseñado, educado, cambiado y manipulado.

El feminismo, el tema que hoy nos ocupa, surge como una respuesta natural, a las desigualdades que han afectado a las mujeres en los diferentes ámbitos de la sociedad de todos los tiempos.

Factores negativos, se arraigaron, tanto en las diferentes culturas, como en las leyes, creando un sistema patriarcal que lamentablemente perdura aun hoy, en algunas culturas.

Patriarcado: sistema social que se caracteriza por la dominación de los hombres sobre las mujeres y niños.

En el caso particular de las escrituras bíblicas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se evidencia la influencia de un contexto cultural patriarcal, especialmente en la tradición judía y posteriormente en la cristiana.

Pero debemos remarcar, que las normas de esas sociedades contrastan notablemente con la actitud del propio Dios de La Biblia hacia las mujeres, ya que Él, no dudó en levantar y utilizar a diferentes mujeres, como líderes fundamentales para llevar a cabo sus propósitos.

Rebeca, Débora, Ester, Sara, Séfora, Miriam, Sifrá y Puá, Abigail, Rut, Ana y María, son solo algunos de muchos ejemplos de mujeres que desempeñaron roles fundamentales en el plan de Dios para la humanidad. Cada una de ellas, en su contexto y misión, fue protagonista indiscutible de la historia de la salvación.

Lo descripto, resulta ser prueba más que evidente que la misoginia nunca formó parte de los propósitos divinos, sino que, por el contrario, Dios dignificó y usó a las mujeres para cumplir su voluntad.

Por su parte, el Nuevo Testamento nos relata que, hace más de 2,000 años, Dios mismo, en la figura de Jesucristo, vino a la Tierra.

El contexto cultural en el que nació y vivió Jesús —como ya mencionamos— era profundamente machista y patriarcal, la misoginia formaba parte de la vida cotidiana, tal como había ocurrido en los tiempos del Antiguo Testamento.

Surge entonces una pregunta crucial: ¿Qué cambió con la presencia de Jesucristo en la Tierra? ¿Cuáles fueron sus enseñanzas, expresadas a través de sus palabras y acciones, acerca de las mujeres?

Sin dudas, Jesucristo fue el primer feminista de la historia.

Mientras estuvo en la Tierra, se rodeó de numerosos seguidores, muchos de los cuales eran mujeres, y se relacionó con ellas de una manera absolutamente contraria a las costumbres de la época, al punto de ser ampliamente criticado tanto por hablar con ellas como por defenderlas.

"El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra." El episodio de la mujer adúltera es solo un ejemplo. Nadie en aquellos tiempos se hubiera atrevido siquiera a conversar con ella, mucho menos a defenderla públicamente como Él lo hizo.

"Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…" Esta fue una de las frases más repetidas por Jesús, marcando un antes y un después en su enseñanza. Hoy podríamos llamarlo la "contracultura cristiana": lo que antes era de una manera, ahora, con Cristo, todo ha cambiado.

La gran novedad que Jesucristo nos presenta es que todos somos iguales ante los ojos de Dios, incluyendo la dignidad y el valor de la mujer en la sociedad. Su muerte en la cruz no hizo excepción alguna: entregó su vida por cada persona, reafirmando así la igualdad y el valor de todos ante Dios.

Sus seguidores entendieron el mensaje.

El apóstol Pablo afirmó: "En el Señor, ni el varón es sin la mujer ni la mujer sin el varón. Porque, así como la mujer procede del varón, también el varón nace mediante la mujer. Y todo proviene de Dios." 1ª Corintios 11:2-6

Sumó algo más “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque ahora todos ustedes son uno en Cristo. Gálatas 3:28

Y el apóstol Pedro lo expresó de esta manera: "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas." Hechos 10:34

“El que tiene oídos para oír, que oiga”

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón