El Papá Noel del subdesarrollo

¡Qué miras bobo!

¡Ya pasaron 4 años! Todavía recuerdo a Messi, dirigiéndose a Wout Weghorst, uno de los jugadores de Holanda, en ocasión del Mundial 2022, cuando le dijo: “¿Que miras bobo?

En la boca de Messi, sonó como una expresión entre simpática e ingenua. Maradona hubiera utilizado otro adjetivo calificativo… de marca nacional. Los argentinos saben a qué me refiero.

Según el diccionario, bobo, es una persona tonta, de muy corto entendimiento, extremadamente cándido e ingenuo.

¿Porque traigo a colación este ejemplo?: porque tengo en mi mente la idea de que mucha gente, que se autodenomina cristiano, probablemente por falta de información, están convencidos de que el Dios de La Biblia, el Dios que dicen adorar, es precisamente eso: un Dios bobo, tonto, ingenuo y estúpido.

En la edad media, época dominada por la ignorancia, la violencia y las enfermedades apocalípticas, se predicaba a un Dios bravo, intimidante y amenazador. Las imágenes pictóricas de aquellos tiempos lo certifican.

No solo las expresiones artísticas lo expresaban, también los líderes cristianos de aquella época, limitados en sus conocimientos por las circunstancias particulares de la época, aportaban lo suyo.

Había que controlar al rebaño y la forma más exitosa para hacerlo era atemorizándolo, presentando a un Dios perverso que mandaría de cabeza al infierno al primero que se desviara del camino.

No pretendo juzgar las acciones de mis antepasados, solo describo hechos, que, por otra parte, ya son historia.

Pero un día, la moneda se dio vuelta.

Pasamos de un Dios temido hasta el extremo, a un Dios caricaturizado: una especie de mezcla entre payaso y marioneta. Un Dios triste, que nos mira desde una estampita, o cuelga triste de una cruz, y que pareciera ajustar sus deseos y designios a los nuestros.

Basta con escuchar lo que se dice de Él en los medios de comunicación, en las redes sociales o en la boca de muchos, donde se lo menciona con insolencia y sin el menor respeto.

Pero cuando el avión de la vida entra en turbulencia grado 3 y se huele el peligro, o la muerte, aquel “Dios estúpido” al que miramos irrespetuosamente, de pronto se convierte en el “Dios todo poderoso” al que acudimos desesperados.

Ahora bien. ¿Cuál es el motivo por el cual actuamos de esta manera?

Existen muchas razones que podrían explicar este comportamiento, pero me gustaría destacar una en particular: el profundo desconocimiento del contenido bíblico por parte de muchos de los que se dicen cristianos”.

Porque resulta que estos “auto percibidos” fieles creyentes, no tienen la menor idea de quién es el Dios de La Biblia. El conocimiento que tienen acerca de Él, de su carácter y su voluntad, es prácticamente nulo.

Han construido un Dios a su conveniencia, un Dios a medida: buenazo, sumiso, condescendiente, sin carácter, ciego, sordo y mudo, un Dios que perdona todo. Un Dios buenudo, diríamos en Argentina.

Del mismo modo que los musulmanes acuden al Corán y los judíos a la Tora, los invito a acudir a La Biblia.

¿Otra vez La Biblia? ¡Y dale con La Biblia! Sí, ¡La Biblia! ¿O acaso prefieren consultar estos asuntos con el manipulador religioso de turno? ¿O con el astrólogo de la otra cuadra? ¿O tal vez con la estampita del santo que llevas en el bolsillo? que, ese sí, es ciego, sordo y mudo.

La voluntad del Dios de los cristianos está claramente expresada en las Escrituras. Podrás tenerla en cuenta o no, solo que después no se aceptan reclamos.

Permíteme mencionar dos versículos que resumen el carácter de Dios:

1- “Dios es amor”

Juan 3:16: “… de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea no se pierda más tenga vida eterna”

2- “Dios es justo”

Números 14:18 “El Señor es tardo para la ira y grande en misericordia, perdona la iniquidad y la rebelión, pero de ningún modo tendrá por inocente al culpable”

Y esto aplica a todos los seres humanos, incluidos los cristianos, independientemente del templo al cual asistan.

Te dejo mi reflexión:

“El Dios creador del universo, y de todo lo que hay en él, vos incluido, merece algo más que ser tratado como el “Papá Noel del subdesarrollo”. Respétalo. No lo subestimes, algún día estarás frente a su presencia”.

¡Al que le quepa el poncho, que se lo ponga!

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón