¿HALLOWEEN? ¿Qué estas festejando?

Cada 31 de octubre, Halloween gana espacio en nuestro país. Disfraces de brujas, demonios, esqueletos, fantasmas, calabazas, fiestas y niños recorriendo las casas en busca de regalos y golosinas.

Pero antes de sumarnos a una celebración, me parece razonable hacernos algunas preguntas: ¿Qué estamos festejando? ¿De dónde viene esta costumbre? ¿Qué significado tiene? ¿Y por qué la adoptamos?

Un poco de historia: Halloween tiene sus raíces históricas más conocidas en una antigua festividad celta llamada Samhain, relacionada con el final de la cosecha y el comienzo del invierno. Aquellos pueblos creían que, durante esa fecha, los espíritus de los muertos podían regresar al mundo de los vivos.

Con el paso de los siglos, estas costumbres se mezclaron con celebraciones católico romanas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, y más tarde, se popularizaron en Estados Unidos, donde adquirieron la forma comercial que conocemos hoy.

Por supuesto, no todos los que participan actualmente conocen o comparten aquellas antiguas creencias. Para muchos es simplemente una fiesta de disfraces o una oportunidad para que los chicos se diviertan, y me parece bárbaro.

Pero una cosa es divertirse y otra es desconocer qué estamos celebrando y de dónde viene esa costumbre.

¿Qué nos dice la Biblia?: Obviamente, La Biblia no menciona Halloween, porque esta celebración surgió en otra cultura y en una época posterior. Sin embargo, contiene principios que vale la pena considerar.

Deuteronomio 18:10-12 advierte contra la hechicería, la consulta a los muertos y otras prácticas ocultistas.

Romanos 12:2 nos exhorta a no amoldarnos a este mundo, sino a renovar nuestro entendimiento.

1 Tesalonicenses 5:21-22 nos aconseja: “Examínenlo todo; retengan lo bueno. Cuídense de toda especie de mal”

Este último consejo me parece especialmente oportuno, porque antes de aceptar una costumbre, debemos examinarla. No hagamos algo simplemente porque está de moda y porque todos lo hacen, y mucho menos, cuando involucra a los niños.

En Éxodo 32 encontramos al pueblo de Israel celebrando alrededor del becerro de oro. No es lo mismo que Halloween, pero nos recuerda que no todo lo que una sociedad celebra es necesariamente compatible con la voluntad del Dios de La Biblia.

¿Por qué copiamos costumbres de otras culturas? Esta es una pregunta que me hago, particularmente como argentino. Tenemos una identidad propia, una historia, costumbres y una manera muy particular de relacionarnos. Sin embargo, incorporamos celebraciones extranjeras que nada tiene que ver con nosotros.

No tengo nada contra otras culturas. Conocerlas y respetarlas puede enriquecernos. Pero respetar una cultura no significa que debamos adoptar sus costumbres. ¿No tenemos personalidad suficiente para decidir qué queremos incorporar a nuestra propia cultura?

¡Y por supuesto que el dinero forma parte de la fiesta! ¡Por supuesto que hay un componente comercial! Disfraces, golosinas, decoraciones, fiestas y publicidad. Cada celebración popular representa una oportunidad para vender.

No hay nada malo en hacer negocios legítimos. El problema aparece cuando el interés comercial convierte cualquier costumbre en una oportunidad para consumir, sin que nos importe demasiado qué estamos promoviendo.

Las empresas buscan vender. Es su función. Pero nosotros tenemos la responsabilidad de decidir qué compramos, qué apoyamos y qué enseñamos a nuestros hijos.

¿Y qué hacemos los cristianos?: No se trata de señalar con el dedo a quienes participan ni de juzgar sus intenciones. Podemos respetar a quienes deciden festejar Halloween sin necesidad de hacerlo nosotros.

No se trata de tener miedo a cada disfraz o calabaza. Se trata de discernir qué prácticas aceptamos y qué valores transmitimos.

Si creemos en Jesucristo y tomamos La Biblia como guía para nuestra vida, tenemos una responsabilidad: conocer aquello en lo que participamos y actuar de acuerdo con nuestras convicciones.

No alcanza con decirles a nuestros hijos que algo está bien o mal. Tenemos que explicarles por qué, ellos se lo merecen.

Para terminar. Si vamos a festejar Halloween, ¿Sabemos qué estamos festejando? Si vamos a participar, ¿Conocemos su origen? Y si somos cristianos, ¿Nos hemos preguntado si esta celebración es coherente con nuestra fe?

No pretendo imponer mi opinión. Cada uno es responsable de sus decisiones. Pero sí creo que vale la pena reflexionar.

No necesitamos copiar todo lo que viene de afuera para ser modernos. La verdadera libertad no consiste en hacer todo lo que hacen los demás, sino en tener la capacidad de decidir por nosotros mismos, con conocimiento y responsabilidad.

Y para quienes nos autoproclamamos como cristianos, la pregunta es todavía más importante: ¿Estamos tomando nuestras decisiones según lo que conocemos de la Palabra de Dios o simplemente siguiendo las costumbres de este mundo?

Creo tener la respuesta a la pregunta: “La gran mayoría de aquellos que se autodefinen como cristianos en Argentina, no conocen la Palabra de Dios. ¿O me equivoco?

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón