La tiranía de las falsas certezas

Una de las definiciones de dogmatismo más interesantes, que he escuchado, es aquella que dice: “Un cristiano dogmático es aquel que cree en la Biblia de tapa a tapa, sin siquiera abrirla”. Son muchos los cristianos dogmáticos.

La ingeniosa frase, no es otra cosa que una crítica encubierta a aquellos cristianos que aceptan como válidos los dogmas y creencias que los líderes religiosos de turno les han transmitido. Serían aquellos que aceptan sin chistar, todo lo que se les dice. Sin comprobar si son ciertos.

Los dogmas son el conjunto de creencias de carácter indiscutible, para los seguidores de cualquier religión, incluidos los cristianos. Yo prefiero llamarlos principios.

Los creyentes a los que se refiere la frase a la cual nos referimos, aceptarían las enseñanzas religiosas que les imponen sus guías espirituales de turno, de manera frívola y superficial, sin explorarlas ni mucho menos cuestionarlas.

A estos cristianos “crédulos”, por llamarlos de alguna manera educada, parece no preocuparles ser engañados, como tampoco parece inquietarles, el hecho, de que, como consecuencia de este escenario, estarían haciendo todo lo contrario a lo que el Dios que dicen adorar, les reclama.

Ir de cabeza al infierno “sin escalas”, no parece ser el problema de estos “devotos cristianos”. Hablando de “escalas”, resulta oportuno recordar, que el purgatorio no existe (tema desarrollado en posteos anteriores)

Lo cierto, es que actuar como un cándido niño, a quien le dieron un chupetín para que se entretenga, no es lo que la Biblia propone.

“… para que ya no seamos niños fluctuantes llevados de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, a merced de la maldad de los hombres y de su astucia para enseñar el error” Efesios 4:14

Para completar este patético cuadro, también La Biblia se ocupa de los eventuales “líderes espirituales”, a los cuales denomina sin eufemismos:

“… ciegos guías de ciegos, y si el ciego guía al ciego ambos caerán en el pozo” Mateo 15:14

El combo perfecto: ciegos guiando a bobos espirituales.

La situación a la cual nos referimos, donde muchos de nosotros solemos ser protagonistas, resulta ser, lamentablemente, el común denominador de muchas denominaciones cristianas. No de todas, pero sí de una gran mayoría.

Y aquí debemos acudir nuevamente al sabio dicho popular que afirma: “al que le quepa el poncho, que se lo ponga”

Lo llamativo del caso, resulta ser que, a los líderes espirituales de estas congregaciones, no se les mueve un pelo siquiera, al comprobar la anemia espiritual de sus feligreses.

La despreocupación por parte de estos eventuales guías, es absoluta, el objetivo parece ser mantenerlos entretenidos con tonterías como a los niños, con todo el respeto que me merecen los niños. Si se van al infierno…el problema de es de ellos.

El diagnóstico, desde mi punto de vista, es preocupante. La Iglesia, el cuerpo de Cristo, está enfermo, y las consecuencias de la debilidad espiritual que padece están a la vista: cada día más personas se alejan de los templos cristianos... de todos.

La apatía y el desinterés se han apoderado de muchos. Solo se acuerdan de Dios, de la Virgen y de todos los santos cuando el avión en el que viajan entra en turbulencia grado tres.

Mientras tanto, otras propuestas religiosas, filosóficas y espirituales, con un mensaje atractivo y una intensa actividad de difusión, ocupan el espacio que la Iglesia cristiana está dejando vacante, desviando a muchos de la fe bíblica.

La buena noticia ante este sombrío panorama, es que la terapia, el tratamiento adecuado, la vacuna, para solucionar esta disfunción espiritual del pueblo cristiano, está al alcance de nuestra mano.

Se trata de volver al origen, al único medio que nos asegura la verdad: volver al estudio sistemático de la Biblia, aun reconociendo las dificultades de interpretación que puedan existir en algunos de sus versículos.

No se trata de asistir a una determinada iglesia o de seguir a un determinado líder, se trata de escudriñar libremente la Biblia. Se trata de que nos enseñen a pescar… que nadie pesque por nosotros.

Los cristianos sinceros deberíamos admitir que el dogmatismo espurio es una tiranía de certezas falsas y una advertencia contra una fe pasiva, y un llamado a una fe reflexiva y consciente.

Podemos aceptar de buena fe lo que enseñan nuestros líderes, pero también tenemos la obligación bíblica de comprobarlo. En Hechos 17:11, leemos que los primeros cristianos…

"Escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así"

La enseñanza fiel de la Biblia en los templos es una responsabilidad ineludible de sus líderes. Ellos deberán rendir cuentas ante Dios por la fidelidad con que hayan cumplido esa tarea.

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón