Legalismo camuflado de buenas intenciones
¿Qué significa adaptarse a otros? ¿Significa dejar de lado nuestras convicciones, o puede ser una manera inteligente de poder acercarnos a ellos para predicarles el evangelio?
¿Puedo estar defendiendo cosas que Dios nunca me pidió que defienda?
¿Estamos exigiendo como condición para acercarse a Dios cosas que el evangelio nunca puso como condición?
En 1ª Corintios 9:20-23, Pablo presenta uno de los principios más desafiantes de su ministerio y del ministerio cristiano: adaptarse a las personas sin cambiar el mensaje del evangelio. Adaptarse sin perder la identidad.
Pablo dice que, con los judíos, se hizo como judío; con los que estaban bajo la ley, como bajo la ley; con los que estaban sin ley, como sin ley. Y luego resume su actitud diciendo:
“A todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.” 1 Corintios 9:22
Esto no significa que Pablo fuera una persona sin convicciones, que cambiara sus principios según quién tuviera delante. Todo lo contrario. Él mismo aclara:
“…no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo” Vs 21
La diferencia es importante. Pablo no cambiaba el mensaje; cambiaba la manera, la forma, de acercarse a las personas.
No abandonaba sus convicciones y principios para ser aceptado. Dejaba de lado aquellas cosas que podían convertirse en una barrera innecesaria, un obstáculo, para que otros pudieran escuchar el evangelio. Pablo podía adaptarse en cuestiones secundarias, pero no negociaba lo esencial.
Y aquí hay una enseñanza muy actual para nosotros. A veces confundimos fidelidad a Cristo con mantener determinadas formas, costumbres o tradiciones. Pensamos que para defender la verdad debemos defender también nuestra manera particular de expresarla. Legalismo camuflado de buenas intenciones.
Pablo nos enseña otra cosa. Podemos mantener firmemente nuestra fe y, al mismo tiempo, aprender a escuchar, comprender y acercarnos a personas que piensan, viven o se expresan de manera diferente. Los misioneros cristianos saben de qué hablo.
El evangelio no necesita que hagamos tropezar innecesariamente a las personas con nuestra personalidad, nuestras costumbres, nuestros caprichos, nuestro fanatismo o nuestras preferencias.
¿Hasta dónde debemos adaptarnos? Hasta donde sea necesario sin desobedecer a Cristo. Ese es el límite.
Pablo NO dice: “Me hice de todo para agradar a todos”.
Dice: lo hice… “…por causa del evangelio” Vs 23
Hay una enorme diferencia.
El centro, NO era Pablo. El centro, NO era quedar bien. El centro, NO era conseguir aprobación. El centro, ERA el evangelio y las personas que necesitaban escucharlo.
Quizás esta sea una buena pregunta para nosotros: ¿Cuántas veces “mi manera de interpretar las cosas” es realmente una convicción bíblica y cuántas veces simplemente es una costumbre humana que transformé en un capricho, y que no estoy dispuesto a modificar?
Porque una cosa es negar la verdad para agradar a alguien, y otra muy distinta es renunciar a una preferencia personal para poder acercarnos a alguien que necesita conocer a Cristo.
Pablo podía ceder en muchas cosas. Pero no cedía en lo esencial.
Tener convicciones firmes no significa ser inflexibles.
· Podemos cambiar nuestro lenguaje sin cambiar nuestra fe.
· Podemos cambiar nuestra metodología, nuestras formas, sin cambiar el mensaje.
· Podemos acercarnos a personas diferentes sin convertirnos en ellas.
· Podemos respetar al que piensa distinto sin renunciar a aquello que creemos.
La madurez cristiana no consiste solamente en saber qué creemos, sino también en saber cómo acercarnos inteligentemente a quienes todavía no creen.
Pablo lo entendió claramente: “Y esto lo hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.” Vs 23
No se trataba de Pablo. Se trataba del evangelio.
“El que tiene oídos para oír que oiga”
Juan Alberto Soraire
Un cristiano del montón