Mucho ruido, pocas nueces

Ir a la iglesia todos los domingos, asistir a todas las reuniones, cumplir infinidad de ritos vacíos, repetir versículos bíblicos como un loro, no te hace más cercano a Dios, de la misma manera que pararte en un garaje, no te convierte automáticamente en un auto.

Tanto en el cristianismo católico como en el evangélico, solemos ver a hermanitos, probablemente bien intencionados, que solo cumplen una rutina religiosa, vacía, repetitiva y monótona, que no llega más allá del techo del templo.

Iglesias colmados, procesiones ostentosas y cultos tan ruidosos como divertidos, pero corazones vacíos.

¿De qué sirven grandes espectáculos si no hay transformación? La fe no es teatro, y Dios no es un espectador al que debemos impresionar con nuestras actuaciones.

“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” Mateo 15:8

Vos podés ser el más vistoso de todos los fieles, pero aun así estar completamente desconectado del Dios que decís adorar. No es un problema de palabras, es un problema de corazón.

Tampoco alcanza con saber. Hay gente que conoce La Biblia mejor que nadie, pero vive como si nunca la hubiera leído. El conocimiento sin obediencia no acerca a Dios, solo infla el ego.

Jesús lo dejó claro:

“Si me aman, guarden mis mandamientos.” Juan 14:15

No dijo “si me aman, canten más fuerte”, ni “si me aman, aprendan más versículos”. Ni si me aman hagan tal o cual sacrificio. Dijo obedecer. Todo lo demás es cantinela, es guitarra, es mentira.

Pensemos en algo concreto. Una persona, va a la iglesia todos los domingos, canta con pasión y hasta sirve en algún ministerio, pero en su casa grita, humilla o ignora a su familia.

O en el trabajo actúa con deshonestidad, habla mal de otros o maltrata a sus empleados. ¿De verdad podemos creer que está persona está cerca de Dios? ¿En serio piensan que a Dios le importa más nuestra voz afinada que nuestra vida torcida?

Ahora comparémoslo con alguien que quizá no tiene protagonismo, que no se luce, que no impresiona, que pasa casi desapercibido. Pero es honesto cuando nadie lo ve, perdona cuando duele, ayuda sin buscar reconocimiento y lucha cada día por hacer lo correcto. Esa persona, aunque no haga ruido, está mucho más cerca de Dios.

“Sean hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.” Santiago 1:22

Auto proclamarse “cristiano” y luego echarse a rumiar como un vacuno engordado para la venta, es auto engañarse. Es vivir una ficción.

Yo soy un tipo bueno, no le hago mal a nadie, nunca engañé, ni mentí, siempre fui fiel …bla bla bla, suena más a una canción de Palito Ortega. Nadie te creerá.

La verdad incomoda. Podemos estar metidos en infinidad de actividades religiosas y, aun así, estar completamente lejos de Dios. Podemos emocionarnos, llorar, cantar, auto flagelarnos, pero no haber rendido nuestra vida a Dios, por lo tanto, de nada sirve.

Cabe mencionar, que Dios no es estúpido, no se deja engañar por tus gestos externos.

Estar cerca de Él es otra cosa. Es obedecer su palabra a pesar de, creer y confiar en Él, aunque no lo entiendas, escuchar, aunque no te guste lo que oís. Es dejar que tu carácter cambie, que tus decisiones reflejen lo que decís creer. Es que tu vida hable más fuerte que tus palabras. Es escudriñar su palabra cada día.

No se trata de perfección, pero sí de dirección. No de aparentar, sino de vivir de verdad.

Entonces la pregunta no es si vas a la iglesia, ni cuánto sabes de la Biblia, la pregunta es mucho más incómoda.

Si alguien mirara tu vida de lunes a sábado, ¿Tendría alguna evidencia real de que estás cerca del Dios de los cristianos… o solo vería un frasco vacío?

PD: Podría admitir una excusa de tu parte: “No conozco el contenido bíblico”. Y yo te pregunto ¿Quién es el responsable de tal situación? ¿Que estas esperando para estudiarla y conocer cuál es la voluntad de Dios para tu vida? ¿La carrosa?

¡Ya, empieza a buscar una iglesia cristiana donde te ayuden y enseñen a estudiar La Biblia y hacer la voluntad del Dios que decís que adoras!

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón