Pastoras ¿Sí o No?
¡Esa es la cuestión! diría Hamlet
Tema interesante y polémico si los hay.
No se trata de una cuestión novedosa, por el contrario, es un asunto que resurge cada tanto en todas las denominaciones cristianas, incluido en el catolicismo.
Personalmente creo que se trata claramente de un tema cultural, para nada relacionado con cuestiones espirituales ni nada que se le parezca. De hecho, nuestra opinión al respecto, no modifica nuestro status frente a Dios.
Alguien podrá argumentar: ¡No estás haciendo la voluntad de Dios! Perfecto, analicemos el tema juntos entonces.
Los que escudriñamos habitualmente las escrituras, sabemos que, al hacerlo, estamos obligados a separar la paja del trigo, a diferenciar las leyes y costumbres culturales, que cambian con el tiempo, de los principios bíblicos, que son universales y no cambian.
Si no tenemos claro este concepto estaremos siempre dando vueltas en una calesita, pisando el lumbral del legalismo. Además de perder el tiempo en discusiones anacrónicas que no sirven para nada.
“Isaías no habló de los semáforos, porque sencillamente en aquellos tiempos no existían”.
El aparente conflicto que hoy nos ocupa está fundado en el “polémico” mandato del apóstol Pablo a Timoteo, donde claramente le indica que las mujeres están obligadas a pasar prácticamente inadvertidas en la Iglesia.
Que le dijo Pablo a Timoteo:
“Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada en la iglesia” 1 Timoteo 2:12
Se trata del mismo Pablo que le dijo a los Corintios:
“… si alguno a resuelto en su corazón guardar a su hija virgen y ya entrada en algunos años, bien hace, no comete pecado. Pero si está firmemente convencido de lo contrario, no darla en matrimonio y que permanezca soltera, también hace bien. 1ª Corintios 7:37
Mientras escribo, se me escape una sonrisa, tengo tres hijas.
Pero la cosa no termina aquí. También Pablo dio su opinión personal respecto a los amos y esclavos.
"Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de corazón, como a Cristo..." Efesios 6:5
Pablo estaba dando instrucciones honestas y sinceras, pero dentro de la realidad social y cultural que lo rodeaba. Hoy, en la sociedad occidental en la que vivimos, iría preso. Nosotros también si tuviéramos esclavos, siervos o como quieras llamarlo.
Pablo, no era un extraterrestre recién caído del Cielo, era un judío con toda la carga cultural de aquella época sobre sus hombros, por lo tanto, un estricto cumplidor de las leyes y costumbres judías. ¿Qué otra cosa podíamos esperar de él?
Ahora bien, resulta difícil negar que los comentarios del apóstol acerca del rol de la mujer reflejan una visión que hoy consideraríamos claramente machista.
En realidad, Pablo, no estaba afirmando nada nuevo, ni estaba exponiendo ninguna doctrina novedosa para su tiempo, en todo caso solo le está recordando al joven Timoteo, como deben funcionar las cosas respecto a la mujer en la Iglesia. Nada diferente a lo que sucedía en el seno familiar y en las propias sinagogas en aquellos tiempos.
El machismo tiene sus raíces en las sociedades primitivas. El varón, en los tiempos bíblicos, era considerado superior a la mujer, quien ocupaba claramente un segundo plano en la sociedad, a tal punto de no ser considerada ni siquiera en las estadísticas.
Sin embargo, podemos comprobar que hubo un grupo importante de mujeres en las escrituras, que fueron modelo de Fe, coraje y liderazgo y que fueron elegidas por Dios para cumplir roles importantes. Y lo hicieron con mayor éxito que algunos varoncitos de la época.
Fue Jesucristo mismo quien, a través de su mensaje y de su trato hacia las mujeres, desafió los prejuicios y convenciones de su tiempo. Rompió con los esquemas culturales vigentes y reivindicó la dignidad de la mujer, colocándola en igualdad de condiciones frente al hombre.
Un claro ejemplo de ello lo encontramos en su actitud hacia la mujer adúltera, narrada en Juan 8
Los principios bíblicos con el cual debemos regirnos los cristianos cuando escudriñamos estas cosas, es claro, y es llamativamente el mismo Pablo, quien lo menciona:
“Dios no hace acepción de personas” Romanos 6:11
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, sino que todos ustedes son uno en Cristo Jesús” Gálatas 3:28
Yo les pregunto:
¿Resulta tan difícil comprender que debemos dejar de lado las reglas y costumbres culturales propias de cada época y lugar, y aferrarnos a los principios bíblicos que, como ya hemos afirmado, permanecen inalterables?
En términos futboleros: ¡Te dejo la pelota picando!
Juan Alberto Soraire
Un cristiano del montón