Reflexiones acerca del libro de Job

¿Por qué sufren las personas justas?

El libro de Job es una de las obras más profundas de toda la Biblia. Desconocemos al autor y suele admitirse que fue escrito en la época patriarcal, aproximadamente 1800 años antes de Cristo.

Este libro, desde hace siglos desafía a creyentes y estudiosos con una pregunta que sigue vigente: ¿Por qué sufren las personas justas?

Lejos de ofrecer una respuesta simple, el libro nos invita a confiar en Dios aun cuando no comprendamos sus caminos.

La historia comienza presentando a Job como un hombre íntegro, temeroso de Dios y extraordinariamente bendecido. Poseía una gran familia, abundantes riquezas y una vida de fidelidad.

Una de las escenas del relato, traslada al lector al ámbito celestial. Satanás, el "acusador", sostiene que la fidelidad de Job depende únicamente de las bendiciones recibidas. Dios permite entonces que sea probado, aunque pone límites a la acción de Satanás.

En muy poco tiempo, Job pierde sus bienes, sus hijos y finalmente su salud. Su esposa, vencida por el dolor, llega a sugerirle que renuncie a Dios.

Luego aparecen sus amigos, quienes, en lugar de consolarlo, insisten en la creencia tradicional de que todo sufrimiento es consecuencia de algún pecado oculto. Según ellos, si Job está sufriendo, necesariamente debe haber hecho algo malo. ¡Por algo será!

Pero Job mantiene firme su convicción de que es inocente. Expresa su dolor, cuestiona y lamenta su existencia, e incluso, pide una explicación a Dios. Nunca abandona completamente su confianza en Él.

Hay muchas preguntas sin respuesta en este libro.

En medio de su sufrimiento llega a declarar una de las afirmaciones de fe más extraordinarias de la Escritura: "Yo sé que mi Redentor vive" Job 19:25.

Para los cristianos, estas palabras adquieren un significado aún más profundo, pues parecen anticipar proféticamente la persona de Jesucristo, el Redentor vivo que, mediante su muerte y resurrección, venció al pecado y a la muerte.

Aun sin comprender plenamente el alcance de esa revelación, Job expresa una esperanza que encuentra su cumplimiento perfecto en Cristo.

Finalmente, Dios le responde desde un torbellino. Sorprendentemente, no le explica la causa de sus sufrimientos. En cambio, le muestra la inmensidad de la creación, el orden del universo y criaturas que el ser humano no puede dominar.

El mensaje es claro: la sabiduría y el gobierno de Dios son infinitamente superiores a la capacidad humana de comprenderlos. Job reconoce humildemente sus limitaciones, y Dios reprende a sus amigos por haber hablado de Él con ligereza. Luego restaura a Job y le concede el doble de lo que había perdido.

Un aspecto interesante del libro es su género literario. Muchos teólogos consideran que, aunque pudo estar inspirado en un personaje histórico real, el libro posee las características de una parábola o un gran poema dramático.

La extensa sección central está escrita en una poesía hebrea de extraordinaria calidad, los diálogos presentan una estructura cuidadosamente elaborada y la escena inicial en el cielo tiene un marcado carácter literario. Todo ello lleva a pensar que el propósito principal del autor no fue escribir una crónica histórica, sino transmitir una verdad espiritual de alcance universal.

Sin embargo, esta posibilidad no disminuye en absoluto la autoridad ni el mensaje del libro. Jesús mismo enseñó muchas de las verdades más profundas mediante parábolas. Nadie considera menos verdadera la enseñanza del buen samaritano o del hijo pródigo porque sean relatos parabólicos.

Del mismo modo, si Job fue presentado mediante un recurso literario, ello no altera la inspiración del texto ni la profundidad de sus enseñanzas. Lo importante no es el formato del relato, sino la verdad que Dios comunica por medio de él.

El gran propósito del libro de Job es desmontar la llamada teología de la retribución, la idea simplista de que a los buenos siempre les va bien y a los malos siempre les va mal. La realidad demuestra que no siempre es así. El sufrimiento no es necesariamente un castigo por el pecado, ni la prosperidad una prueba automática del favor de Dios.

La enseñanza culminante del libro es que nuestra fe no puede depender de comprender todas las circunstancias. Dios sigue siendo justo, sabio y bueno, aun cuando sus caminos escapan a nuestro entendimiento. La verdadera confianza consiste en seguir creyendo cuando las respuestas no llegan.

Por eso las palabras de Job siguen resonando con fuerza a través de los siglos:

"Jehová da, y Jehová quita. Alabado sea Jehová" Job 1:21

Esa declaración resume el corazón del libro: una fe que permanece firme, no porque lo entiende todo, sino porque conoce y acepta el carácter de Dios.

Juan Alberto Soraire

Un cristiano del montón