Una iglesia imperfecta
Los que me conocen saben que, entre otras cosas, me identifico como un apologeta, un defensor, de la enseñanza bíblica en pequeños grupos, tal cual lo hacía el propio Jesucristo.
Lamentablemente, el estudio sistemático y ordenado de La Biblia se está dejando de lado en muchas iglesias cristianas evangélicas. Por su parte, nuestros hermanos católicos romanos, no lo tienen en cuenta.
En este punto debemos aclarar dos cosas importantes: leer no es lo mismo que estudiar y el catecismo no es La Biblia. Esto dicho con mucho respeto.
Los que nunca han asistido a una de estas clases de escuela bíblica, se preguntan y me preguntan, que hacemos en ellas.
Hoy deseo compartir con ustedes precisamente y como ejemplo, una de las tantas clases para adultos de mediana edad, del cual tengo el placer y la responsabilidad de ser el maestro en mi iglesia.
El tema en cuestión estuvo basado en los primeros párrafos de la 1ª carta que Pablo le enviara a la iglesia de Corinto, versículos del 1 al 9. La clase fue muy amena y participativa. Todos tuvimos algo que decir, preguntar o acotar.
Cuando pensamos en una iglesia ejemplar, solemos imaginar una comunidad unida, madura, sin conflictos ni errores. Sin embargo, al leer esta carta de Pablo nos encontramos con una realidad muy diferente. La iglesia de Corinto estaba llena de problemas: divisiones, orgullo, inmoralidad, pleitos y un uso incorrecto de los dones espirituales.
Pablo comienza su carta agradeciendo a Dios por ella. ¿Por qué? Porque Pablo no miraba los defectos de la iglesia, sino la obra de Dios en ella.
En los primeros nueve versículos aparece una palabra que domina todo el pasaje: Cristo, es mencionado nueve veces. El centro de la iglesia no son sus miembros, ni sus líderes, ni sus dones, sino Jesucristo.
Pablo les recuerda a los creyentes de Corinto que: fueron "Llamados a ser santos. No les dice que Dios los eligió porque fueran santos, sino que fueron apartados para Él, para ser santos.”
Por lo tanto: La santidad no es el requisito para acercarse a Dios; es el proceso que comienza después de haber sido alcanzados por su gracia.
Esto debería cambiar nuestra manera de ver la vida cristiana. Muchas veces esperamos encontrar iglesias perfectas o personas sin defectos para creer que Dios está obrando. Pero Dios siempre ha trabajado con personas imperfectas, COMO VOS Y COMO YO. La iglesia es un hospital para pecadores, no un museo de santos.
Lo sorprendente es que Pablo reconoce que aquella iglesia era activa y estaba espiritualmente viva. Tenían conocimiento de la Palabra, abundaban los dones espirituales, anunciaban el evangelio y esperaban el regreso de Jesucristo. No les faltaba ningún don. Sin embargo, todo ese potencial convivía con profundas inmadureces.
Aquí encontramos una enseñanza: “los dones no son sinónimo ni una garantía de madurez espiritual”
Los dones revelan la gracia de Dios; el carácter revela cuánto hemos permitido que esa gracia transforme nuestra vida.
Una persona puede enseñar con brillantez, predicar con elocuencia o ejercer diversos ministerios y, al mismo tiempo, necesitar crecer en humildad, paciencia, amor y dominio propio. Dios concede los dones gratuitamente; el carácter se forma a lo largo del camino de la obediencia.
Pablo no pone en duda la conversión de los corintios. Reconoce sus errores, los corrige con firmeza, y afirma, que el testimonio de Cristo estaba confirmado en ellos. Eran creyentes auténticos que necesitaban “madurar”
La mayor esperanza del pasaje aparece en el versículo 8: "Cristo los sostendrá hasta el fin." Pablo no dice que ellos permanecerán firmes por sus propias fuerzas. La seguridad del creyente descansa en la fidelidad de Dios, no en la capacidad humana.
Y precisamente con esa verdad concluye esta introducción de la carta: "Fiel es Dios" 1 Co. 1:9. Antes de hablar de los problemas de la iglesia, Pablo dirige la mirada hacia el único que nunca falla.
Es fácil desanimarse al ver las debilidades de una congregación, o incluso las propias. Pero Dios no abandona su obra porque encuentre imperfecciones. Él llama, salva, equipa y transforma.
Estudiar la Biblia nos ayuda a descubrir que sus personajes y sus iglesias no son presentados como modelos de perfección, sino como testimonios de la paciencia y la gracia de Dios.
La iglesia de Corinto no era una iglesia perfecta, pero pertenecía a un Dios perfecto que seguía obrando en ella. Tampoco nosotros somos perfectos, dejemos que Dios obre en nuestra vida.
Terminamos la clase orando y solicitando sabiduría de Dios al respecto
Mi consejo: Acércate a una iglesia que escudriñe las escrituras.
Juan Alberto Soraire
Un cristiano del montón